Cannabis hace 2.800 años: las pistas de una tumba en Siberia
Entre restos de caballos, objetos funerarios y pequeñas semillas, un grupo de arqueólogos encontró en Siberia nuevas pistas sobre la relación entre las personas y el cannabis hace casi tres mil años. Lo sorprendente no fue solamente hallar la planta en una tumba antigua: también aparecieron rastros de sus compuestos en cabello humano conservado en el lugar.
El descubrimiento ocurrió en Tunnug 1, un enterramiento de unos 2.800 años perteneciente a la cultura escita, cuyos pueblos recorrieron las estepas de Eurasia a caballo. Allí se recuperaron alrededor de mil semillas de cannabis, depositadas junto a los muertos.
El trabajo fue publicado el 5 de noviembre en la revista científica Science y estuvo liderado por Gino Caspari, investigador de la Universidad de Berna, en Suiza, y del Instituto Max Planck de Geoantropología, en Alemania.
Las huellas del cannabis en el cabello
Las semillas indican que la planta estaba presente en el contexto funerario. Pero por sí solas no alcanzan para saber qué uso tenía: el cannabis también se aprovechaba para obtener fibras y aceite.
La otra pista surgió del análisis del cabello, donde los científicos identificaron señales de cannabinoides relacionados con el THC, el compuesto responsable de los principales efectos psicoactivos de la planta.
Para los investigadores, la combinación de ambos hallazgos sugiere que el cannabis se utilizaba por sus propiedades psicoactivas. Sin embargo, no pudieron determinar cómo se consumía ni qué función específica cumplía en aquellas ceremonias.
La tumba también conservaba restos de numerosos caballos sacrificados, lo que refuerza la hipótesis de que la planta podría haber formado parte de los rituales funerarios.
Hasta ahora, una de las evidencias más antiguas del uso psicoactivo del cannabis provenía de China, hace aproximadamente 2.500 años. El nuevo descubrimiento retrocede esa referencia unos 300 años, aunque algunos especialistas advierten que los rastros encontrados en el cabello también podrían explicarse por una exposición externa.
Mientras tanto, los investigadores continúan estudiando las semillas recuperadas para conocer más sobre la historia y expansión de una planta que acompaña a la humanidad desde hace miles de años.