El país eliminó las licencias de cultivo y elevó el límite permitido de THC al 1%, aunque mantiene restricciones sobre flores, hojas y alimentación animal.

Nueva Zelanda modificó su marco regulatorio y dejó de tratar al cáñamo industrial como una sustancia controlada. El cambio derogó la normativa vigente desde 2006, eliminó el sistema de licencias de cultivo y elevó el límite permitido de THC hasta el 1%.

A partir de la reforma, quienes quieran cultivar cáñamo ya no necesitarán una licencia del Ministerio de Salud. En su lugar, deberán realizar una notificación previa a la Policía y al Ministerio de Industrias Primarias.

La medida busca reducir costos, bajar el estigma sobre el cultivo y equiparar al cáñamo con otras actividades agrícolas. Según el Gobierno neozelandés, las reglas anteriores eran desproporcionadas para el nivel de riesgo de una planta con bajo contenido de THC.

El cambio también puede favorecer la producción de fibra y grano, dos sectores donde el margen de THC es clave para evitar la pérdida de cosechas. Sin embargo, la apertura tiene límites: las flores y hojas, donde se concentra el CBD, solo podrán destinarse a operadores de cannabis medicinal, mientras que el uso recreativo sigue prohibido.

Tampoco se liberó por completo el uso de cáñamo en alimentación animal, que continúa bajo controles específicos por posibles residuos de cannabinoides en la cadena alimentaria.

La reforma marca un avance importante para el cáñamo industrial, aunque todavía deja abierta la discusión sobre cómo aprovechar todo el potencial productivo de la planta.